Las películas de Tintín – Reseña
Tintín, Las películas.
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Las películas de Tintín. George Remi no dijo mucho sobre las películas que vio durante su juventud, pero el estilo del encuadre y la iluminación causaron fuerte impresión en el futuro Hergé, quien evocaría ciertas secuencias en sus viñetas.

Empecemos el repaso cronológico a las películas de Tintín con Le Crabe aux Pinces d’Or (Claude Missone, 1947). El primer film de animación del personaje adapta el álbum homónimo poniendo en práctica una laboriosa animación fotograma a fotograma con miniaturas articuladas. El resultado, aunque bastante alejado de logros muy posteriores como las macabras producciones de Tim Burton. Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993) o La novia cadáver (Burton y Mike Johnson), funciona como juguete de breve recorrido más encomiable sentido artístico.
El secreto del Toison de oro (Jean-Jacques Vierne, 1961) y El misterio de las naranjas azules (Philippe Condroyer, 1964), francesas pero, la última, en coproducción con España y repleta de los tópicos más rancios de la cultura autóctona, intentan replicar con actores de carne y hueso los roles de Tintín, Milu, Haddock, Tornasol, etc… La caricaturesca traslación, por contraste con el reparto de secundarios y los elementos realistas, chirría, produciendo un efecto chocante. Y, en el caso de …las naranjas azules, como no, esperpéntico. Si se trata de aceptar como convención, como escollo salvable el hecho en sí mismo considerado y eludir ese obstáculo para centrarse en la historia, la película topa con un muro infranqueable. En breve: argumentos que prometen grandes emociones pero devienen harto monótonos, sin magia, carentes de inventiva; acomodados, además, en simulacros visuales del estilo Hergé con síntomas de raquitismo.
Las líneas de lápiz del creador e ilustrador Herge han cobrado vida y sacan al héroe de cómic del papel.
Tintín en el templo del sol (Eddie Lateste, 1969) actúa como reverso negativo de la posterior y magnífica Tintín y el lago de los tiburones (Raymond Leblanc, 1972).
Cuenta con dos canciones de Jacques Brel -ignoro el motivo, tal vez para emular a Disney– y, pese a adaptar en animación el formidable original de Hergé, trasladando asimismo ideas de otros álbumes, emplea técnicas bastante pedestres, obteniendo un resultado similar al de aquella serie televisiva de infausto recuerdo que repasaba todo el canon tintinófilo.
Considero Tintín y el lago de los tiburones, a pesar de suscitar opiniones encontradas, la mejor recreación en pantalla grande del microcosmos del joven reportero. Respeta la idiosincrasia establecida por Remi en los cómics. También el modelo de relato itinerante grato al autor. Su intriga. Y todo ello lo consigue hilvanando una ficción nueva alimentada por detalles originales. Por ejemplo: todo lo referente al fondo submarino, la pasta imitativa que crece y crece incontroladamente o un villano Rastapopulos cómico a su pesar… Esas ideas enriquecen la trama hasta el punto de convertir el filme en un jalón significativo en la obra completa del joven con tupé.
La apariencia misma de una tira cómica es prácticamente lo mismo que el guión gráfico de una película.
Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio (Steven Spielberg, 2011) se basa en los tebeos El secreto del Unicornio, parte de El tesoro de Rackham el Rojo y de El cangrejo de las pinzas de oro.
No sólo nos encontramos ante la primera superproducción sobre el adolescente reporter sino que esta pieza ambicionaba inaugurar una futura serie dirigida, entre otros, por Peter Jackson. La taquilla no acompañó.
Durante los 80, Remi, tras visionar En busca del arca perdida (1981) consideraba a Spielberg el cineasta ideal para llevar al cine su creación. Ha llovido mucho desde entonces.
En el ámbito formal, las imágenes capturadas por ordenador poseen un acabado impecable. La parte visual puede considerarse brillante. Además, en todo momento se tiene la sensación de hallarse frente a los verdaderos personajes de Hergé y no los simulacros disfrazados de otras películas.
El problema estriba en que Spielberg y sus guionistas, entre ellos el revisionista televisivo Steven Moffat, sustituyen la intriga aventurera plausible o la sencillez surcada por la línea clara de los álbumes por el vértigo frente al abismo, la acción sin freno, la aparatosidad, el vicio de la imagen por la imagen. Esto se nota mucho en risibles secuencias «Transformer» como la del duelo entre las grúas que sustituyen los sables del cómic.
Cuanto hubiese ganado la película conservando el tono del episodio inicial. Particularmente la parte sobre Arístides Silk, el carterista, donde Spielberg captura la esencia del mejor Hergé, la de la vibrante aventura cotidiana.
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Excelente!!
Gracias!!