Tintín: los cómics apócrifos – Reseña cómic

Tintín: los cómics apócrifos.

Tintín: los cómics apócrifos.

 

 

Tintín: los cómics apócrifos, la popularidad del personaje ha provocado la aparición con el tiempo de álbumes no oficiales, esto es, no autorizados por Hergé o sus herederos.

 

 

Nuestro querido personaje, simpático reportero y eterno adolescente belga a quien dio vida Hergé, maestro de la línea clara, protagoniza bajo la plumilla de éste los álbumes homónimos que van desde Tintín en el país de los soviets (1930) hasta el inacabado Tintín y el arte alfa (1983) -objeto de revisión y ampliación por parte de varios autores pirata-, pasando por la adaptación del film de dibujos animados Tintín en el lago de los tiburones (Raymond Leblanc, 1972) puesta a punto por los Estudios Hergé y el guionista Greg.

En los ámbitos de la historieta y la literatura, Tintín ha sido y (aventuro) seguirá siendo objeto de apócrifos imitativos, reproducciones y homenajes. Muchos, conceptualmente intercambiables.

 

 

Entre lo respetuoso, chabacano, escatológico, lubrico, sociopolítico, algunos de esos productos resultan bienintencionados. Otros, espurios. Siempre transgrediendo la ortodoxia o desnaturalizando al periodista.

Citaremos los, en esta ocasión, cómics y ha juicio propio, más interesantes.

 

 

En 1983, tras la muerte de Hergé y como rara excepción, su viuda aprobó un tributo que la revista SVIVE puso en marcha con diversas historietas elaboradas, entre otros, por Jacques Tardi o nuestro querido autor local Daniel Torres.
Otro homenaje permitido fue Objectif Monde (Didier Savard, 1999). En el presente caso, por los herederos de Remi y para el diario Le Monde. Conmemorando el septuagésimo aniversario de nuestro protagonista, relata las nuevas aventuras del personaje, ahora como intrépido reportero de Le Monde.

Los volúmenes apócrifos del mítico periodista…

 

Por otra parte, pastiches apócrifos de la calaña de Tintín en El Salvador (Willy Vandersteen y Martin Lodewijk, 1983) o Tintín en Irak (de autor o autores que desconozco, 2003) remontan, maquetan viñetas de Hergé junto a nuevas ilustraciones mediocres para dar sentido al conjunto. Valiosos desde la óptica coleccionista, incluso como crítica de conflictos bélicos y violación de los derechos humanos; carecen sin embargo de interés artístico intrínseco.
El Capitán Haddock y el Profesor Tournesol entre los personajes más queridos.
Ives Rodier se caracteriza en el trazo limpio por la fidelidad a Hergé, mimetizando su estilo de forma envidiable y, en esa tesitura, creando singulares cubiertas para álbumes imaginarios del eterno joven como Tintín en Quebec. Cubiertas mucho mejor delineadas pero similares a las de Muzski -quien, en cambio, recurre a motivos lovecraftianos – o Harry Edwood – que usa elfos y seres fantásticos en infinidad de portadas y varios cómics inacabados-.
El héroe belga envejece y mira con escepticismo a quienes lo rodean.
Pues bien, entre 1986 y 1991, Rodier se atrevió a ultimar su apócrifo Tintín y el Arte-Alfa basándose en los bocetos del opus inconcluso de Hergé. El resultado no carece de calidad pese a la distancia profesional con Remi y la licencia artística que se tomó enamorando a Tintín. Los famosos Jacobs y De Moor, antiguos colaboradores en el acabado de Tintín para Hergé, aplaudieron el atrevimiento.
También Ramo Nash, con más pena que gloria, pergeño su propia versión entre 1985 y 1988.

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Breaking free: The Revolutionary Adventures of Tintín (1989), tebeo on line creado por el británico Jack Daniels (sic), con dibujos mediocres, defiende la postura anarquista frente a la explotación laboral. La revolución se instrumentaliza para recuperar los derechos del obrero y transformar el sistema.

De la mano del periodista y el perro más famosos…

La parodia con base de fantasía erótica anima Tintín à la gaule (1983) con Bianca Castafiore como obvio motivo de lubricidad. Tintín en Suiza (Charles Callico, 1976) nos ofrece un Tintín borracho como una cuba. Y, por su parte, las satíricas La vida sexual de Tintín (1992) ¡de nuevo con la Castafiore! Y Le mariage de Tintin (2014), ambas de Jan Bucquoy, “parodique et erotique”, se autodefinen sin mayores complicaciones.

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