Dr. Jekyll and Mr. Hyde, Centenario 1920

Jekyll and Mr. Hyde

Jekyll and Mr. Hyde

Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1920. El hombre y la bestia, la más reconocida adaptación del original literario escrito por R. L. Stevenson hasta la irrupción del sonoro, cumple cien años.

Dr. Jekyll and Mr. Hyde de John Barrymore (John S. Robertson, 1920). Con John Barrymore, Martha Mansfield, Nita Naldi, Louis Wolheim y Brandon Hurst.

La novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, redactada por Stevenson en 1886 ha sido motivo de repetidas plasmaciones cinematográficas. En el terreno silente, Horror o el extraño caso del Dr. Jekyll, más conocida por su título original alemán, Der Januskopf (La cabeza de Jano), versión libre del realizador F. W. Murnau, es la más enigmática por inencontrable. Pero, a falta de rescatar ese eslabón perdido, ningún filme mudo iguala el merecido reconocimiento otorgado en su época al opus de Robertson.

 

Adolph Zukor produjo la cinta de John Barrymore para la Paramount, con fotografía de Roy Oberbaugh.

Robertson era un especialista del melodrama que aquí consiguió narrar con efectividad, siempre dentro de los márgenes expresivos, la frontalidad visual del momento o la sumisión a la figura de Barrymore y su famoso perfil, una historia (también) dramática sobre la discutida dicotomía entre el Bien y el Mal, tema ya expuesto en el original literario, del cual, el libreto escrito por Clara S. Beranger recoge su esencia y traslada a la película momentos de impacto como el fragmento de Hyde pisoteando al niño en la calle.
John Barrymore, actor teatral y figura eminente de una saga de intérpretes que llega hasta su nieta, Drew Barrymore, hija de John Drew Barrymore, visto en Mientras la ciudad duerme (Fritz Lang, 1956) o La guerra de Troya (Giorgio Ferroni, 1961), compone en este filme un doble personaje inigualable. Conocido tanto por su estilizado perfil, que Robertson potencia en la mayoría de planos -aún a riesgo de incurrir en fallos de raccord, inadvertidos en la puesta en imágenes frontal, típica de la época- como por su progresiva alcoholización, Barrymore usa el maquillaje para apoyar la gestualidad obsesiva de un Edward Hyde con reminiscencias de su Ricardo III broadwaydiano.

Henry Jekyll es definido tanto como investigador progresista como médico dedicado a la caridad.

El maduro colega Dr. Richard Lanyon (Charles Lane) representa el conservadurismo, la falta de ambición y los prejuicios morales. Admira a su amigo pero se escandaliza cuando contempla al microscopio los avances de Jekyll en su investigación sobre el cuerpo y la mente: “Esto no me gusta nada. Está jugando con lo sobrenatural“, espeta.

 

Sir George Carew (Hurst), padre de su prometida, quien, al contrario del altruista Jekyll, “evita todo contacto con el sufrimiento humano” e ironiza sobre la bondad de Henry en petit comité, no duda en llevarlo a un cabaret londinense donde trata de poner a prueba su decencia. Allí, Jekyll siente atracción y es correspondido por la bailarina italiana Gina (Naldi, vamp del cine silente que compartió cartel con Rodolfo Valentino). Gina se contonea sobre el escenario ofreciendo a la vista del público un escote generoso. Jekyll, con los ojos fulgurantes, reprime su instinto pero guarda en un rincón de la mente ese deseo reprimido. Podrá satisfacerlo cuando consiga, por métodos científicos, desdoblarse en el amoral Mr. Hyde, llevando así una doble vida, por una parte, disoluta y por otra, respetable. “Dios y diablo“.
Jekyll and Mr. Hyde
Jekyll and Mr. Hyde

En la película de John Barrymore, la metamorfosis, en primera instancia, se representa a través de convulsiones, muecas, gesticulaciones, cabellos deshechos…

 

El uso de la sobreimpresión da paso a un magnífico maquillaje deformante, pero sin forzar al extremo el aspecto físico de Barrymore, tarea que corresponde al actor, quien emplea para ello, principalmente, la expresividad de rostro y manos.
La influencia de Hyde sobre Jekyll se hace patente cada vez más, bien representada por la araña gigante con cabeza de Hyde que sube hasta el lecho de Henry mientras duerme para forzar la transformación. El arácnido forma parte de la pesadilla que sufre Jekyll. El combate entre polos opuestos se libra de forma onírica.
Hyde dará cuenta de Carew, estandarte de la doble moral, cuando Jekyll, frente a sus preguntas inquisitivas, se vea incapaz de controlar la transformación. Ésta parece motivada a nivel inconsciente por el deseo de venganza: “Fue usted, con su cinismo, quien me hizo avergonzar de mi bondad. Usted me hizo conocer la maldad“, recrimina Jekyll a Carew antes de ser sustituido por Hyde mediante sobreimpresión.
La virginal prometida del Dr. Jekyll, Millicent (Mansfield), hija de Sir Carew, representa la dulzura de un afecto puro. De cierto parecido físico con el propio Jekyll, puede verse como la parte femenina del mismo, una contrapartida libre de la carnalidad que Hyde encuentra en los brazos de Gina, mujer a quien el malvado acabará destruyendo poquito a poco.
La propia Millicent es asediada sexualmente por Hyde en el tramo final del filme, pero la mente de Jekyll se impone obligando a Hyde a consumir el veneno del anillo que pertenecía a Gina.


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