Reseña. Mientras dure la guerra.

Mientras dure la guerra hace una radiografía muy cauta sobre los primeros años de la Guerra Civil Española.

Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar. 2019. Con Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Luís Bermejo, Tito Valverde y Nathalie Poza.

Resulta difícil reconocer en las imágenes conformistas de Mientras dure la guerra al arrojado, incisivo creador de Ágora o Regresión, dos propuestas muy críticas con los temas que abordan. Amenábar, como narrador visual, se implica con los personajes principales de esas películas. Por tanto, asume como propio el discurso que exponen.
Si ponemos como ejemplo a la Hipatia (Rachel Weitz) de Ágora, nos encontraremos con una filósofa que defiende el mundo de la antiguedad clásica como estandarte del conocimiento o la sabiduría frente a los ataques de los fanáticos cristianos. Ataques que suponen un primer paso hacia el oscurantismo de la Edad Media. La puesta en cuestión de la eclosión religiosa es virulenta hasta el punto de dibujar el perfil de Hipatia como el de una mártir (un poco forzada en su tramo final) de la ciencia humanista frente a la peligrosidad inconsciente de la ignorancia.

 

Mientras dure la guerra
Mientras dure la guerra

Por lo que respecta al Unamuno (excelente Elejalde) de Mientras dure la guerra, figura central del film, nos encontramos ante un personaje ambiguo, confundido por el clima socio-político y justificador, en primera instancia, del alzamiento militar, un escritor prestigioso sin ideología fija que va tomando conciencia de la cruda realidad fascista con la pérdida progresiva de sus amigos íntimos, liquidados en off narrativo, no vaya a molestarse alguien. A saber: intelectual de izquierdas, uno, sacerdote masón, otro. Ambos fusilados sin juicio previo en nombre de la causa patriótica.

El ya concienzado Unamuno concluye su presencia forzosa en la Universidad de Salamanca con motivo del Día de la Raza improvisando el, no por archisabido menos valiente, discurso del “vencereis, pero no convencereis”, ante los exabruptos fascistas de los presentes.

Es la propia esposa del General Franco quien le da la mano para evitar su linchamiento público.

 

 

En ese gesto salvador, condescendiente, reposa la esencia del filme. Parece como si Amenabar necesitase apoyar su pacata reflexión sobre aquella época en un personaje obstinado, equivocado pero que necesita la ayuda del fascio para sobrevivir a sí mismo.
La mirada hacia las ambiciones, los egoismos y exigencias del Ejército sublevado se observan bajo un prisma muy superficial. Si Amenabar pretendía acercarse al revisionismo histórico y aportar luz sobre cuestiones fundamentales de la Guerra Civil, fracasa en el intento por falta de arrojo. Su mirada es siempre prudente, temerosa, precavida, abundando en ella los sobreentendidos, intentando no ofender a nadie.
Que lejos se encuentra este Unamuno decrépito y papirofléxico, que aparta la mirada cuando los soldados le amenazan de muerte, que corrige y añade términos a los discursos nacionales, de la enérgica Hipatia, capaz de sacrificarse en todo momento por los valores éticos, democráticos, por su idea filosófica, científica, por la razón y frente al fanatismo.
Al final, la pertinencia de una película como Mientras dure la guerra no se sustenta en el historicismo sino en la mirada de sus creativos, con Amenábar a la cabeza en funciones de co-guionista y realizador. Y esa mirada es reduccionista, incapaz, por la razón que sea, de ahondar con decisión en el objeto de su estudio.

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