El verano de Kikujiro. Takeshi Kitano – Reseña

El verano de Kikujiro

El verano de Kikujiro

El verano de Kikujiro (1999), el corazón y la ternura de la cinta son tan grandes que no caben en 24 fotogramas por segundo.

Cine de Takeshi Kitano
Cine de Takeshi Kitano

En El verano de Kikujiro de Takeshi Kitano, unas llamativas y coloridas ilustraciones preceden la narración de esta fábula sobre el reencuentro con nosotros mismos. E inmediatamente después asistimos a la carrera veloz de un niño en cuyo rostro se dibuja una felicidad contenida pero imposible de ocultar. Lleva una mochila colgada a sus espaldas. Con unas alas. Así comienza la historia de Masao, un niño de nueve años que vive solo con su abuela, y que nunca ha conocido a su madre. Aprovechando las vacaciones de verano, Masao decide salir en busca de su madre. Un conocido de su abuela, Kikujiro, le acompañará en este empeño.

Fotograma de la cinta.

Takeshi Kitano dirige, escribe e interpreta esta fascinante, emotiva y original “road movie”. La carrera de Kitano esta jalonada de títulos donde el crimen, la violencia y la Yakuza, la terrible mafia japonesa, son los protagonistas. El verano de Kikujiro, esta rodada justo después de Hana-bi, que acaso sea su película mas carismática (que no la mejor, en mi opinión) y que le supuso el León de Oro en el Festival de Venecia de 1997. Y supone un giro radical al sombrío y oscuro mundo del crimen organizado y las Yakuzas. Aunque no por ello, El verano de Kikujiro es una película complaciente e inofensiva. En absoluto. Takeshi Kitano no evita ningún tema, por muy incomodos que sean o puedan parecer.

 

La diferencia es que en El verano de Kikujiro el tono empleado rebosa inocencia, ilusión, pureza y cariño.

 

 

Joe Hisaishi, el magnífico compositor japonés ofrece para El verano de Kikujiro, y como suele ser habitual en él, una banda sonora bellísima que consigue la fusión con, las no menos bellas, imágenes y la ecléctica puesta en escena de Kitano . Travellings, planos generales, zooms, planos de detalle van tejiendo la estructura narrativa de esta emotiva búsqueda, que nos deja hallazgos visuales portentosos al más puro estilo de la obra de Jacques Tati, al que, no me cabe duda, Kitano debe de conocer muy bien. Quien podría pensar que el autor de aquel inclasificable y exitoso programa conocido como Humor amarillo podría rodar joyas de la envergadura de esta de la que hoy estamos tratando.

La humanidad es uno de los muchos atributos que pueblan esta película.

Pero hay muchos más. Y les aseguro que es imposible nombrarlos todos. Pero este, la humanidad, podría ser un buen resumen de lo que lo que, los lectores que no conozcan El verano de Kikujiro se van a encontrar, si toman la acertada decisión de ver esta película. Y si es así, no la van a olvidar jamás. Particularmente, me asombra la enorme facilidad, la gran habilidad que el director exhibe para pasar de la lágrima más espontanea a la carcajada más inevitable. Charles Chaplin, y muy pocos mas, logran algo parecido delante de este haz de luz que ilumina nuestras vidas y al que llamamos cine. Humor irreverente, emoción sincera y una gran carga poética. Y todo ello servido con una naturalidad desarmante. Kitano incluso introduce alguna que otra escena escatológica.

Pero lo hace de una manera tan espontáneamente natural, que no desmerece del resto del conjunto.

¿Y cómo olvidarnos de los personajes que van apareciendo a lo largo del metraje? Es imposible, una vez los hemos conocido y, gracias a la maestría de Takeshi Kitano, establecido con ellos un vínculo emocional y cómplice tan poderoso. Estos personajes, no es que actúen como niños. Es que son niños. Y aquí reside la clave de esta maravillosa y entrañable película.

Se nos invita a tener un corazón puro, tierno, inocente y generoso.

Ese es el verdadero triunfo de esta “road movie” que, además de un recorrido físico es un recorrido emocional y espiritual de una gran pureza. Una película sensible, humana, compasiva, pero que huye de todo artificio o sentimentalismo gratuito. Probablemente, todo esto que estoy tratando de explicar, y que, ciertamente, no me está resultando fácil, puede sonar muy pedante o impreciso. Os pido disculpas. Y os invito al tiempo a entenderlo perfectamente viendo la película.

 

Y, sin que esto suponga desvelar nada que os impida disfrutar de El verano de Kikujiro, os voy a contar como acaba: con la carrera veloz de un niño en cuyo rostro se dibuja una felicidad contenida pero imposible de ocultar.

En este enlace escuchará la fantástica banda sonora;  https://www.youtube.com/watch?v=DmxqfdjNXM4

Durante dos horas hemos asistido a una lección de cine que es prácticamente como una medicina. Y nos hemos regocijado como niños. Y nunca mejor dicho.


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