El jinete pálido – Reseña Cine

Clint Eastwood jinete palido

El Jinete Pálido

El jinete pálido es el arquetipo del individualismo, una figura de pasado oscuro, espectral y desengañado, con una actitud enigmática enmarcada en la anarquía de la época.

 

 

El reconocimiento del Eastwood director se consolida a finales de los ochenta y principios de los noventa. Gracias a Bird (1988), Sin Perdón (Unforgiven, 1992) o Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995). Después hubo altibajos, pero el respeto dura hasta hoy. Antes, sin embargo, ya había rodado buenas películas; y además de funcionar en taquilla, exhibía ya una forma de hacer característica, no solo por sus rodajes baratos respetando plazos. En realidad, Sin perdón tuvo el éxito y los premios y las alabanzas que merecía; muy por encima de este jinete que palidece injustamente en la comparación, ya que las dos son excelentes.

 

 

Reseña de El Jinete Pálido
El Jinete Pálido

La puesta en escena sugiere hechos de otro mundo y lo convierte en una visualización cautivadora.

 

 

 

El jinete pálido es una vaquerada en los ochenta, un ajuste de cuentas con la tradición del género pero el peor momento para ello: en ese año coincidió con Silverado, otro intento de relanzar un género que languidecía sin el interés de los creadores ni del público, ni de la crítica. Pero Eastwood conoce el género clásico y ha participado en su reencarnación televisiva y en la trilogía cumbre del spaghetti y todo eso está en la puesta en escena, ni ingenua ni idealizada, aunque no tan sucia como en las películas europeas; la resolución mediante un duelo que es un destilado de Sergio Leone y Don Siegel aunque con las maneras de Eastwood; la narración que avanza mediante elipsis; los exteriores naturalistas y la luz realista que permite interiores opacos y la pátina invernal de la luz.

 

Eastwood jinete
Escena de la película.

Clint Eastwood se desenvuelve perfectamente con un western abstracto de ritmo espeluznante adomado en la potente partitura musical de Lennie Niehaus.

 

 

Además, la película dialoga con Raíces profundas (Shane, George Stevens, 1953) en algunos nombres (Starrett, por ejemplo, pasa a llamarse Barrett) y en el arco argumental: si allí unos granjeros sufren el acoso de quien quiere tierras libres para el ganado, aquí un cacique quiere expulsar a los mineros para hacerse con el oro; el punto de vista del niño pasa a ser el de una adolescente, con consecuencias también en el desarrollo de la trama; la voz insoportable de Jean Arthur deja paso a la presencia de Carrie Snodgress, una de esas actrices de carácter típicas en las películas de Eastwood; la complicidad viril que allí surgía de arrancar un tocón, aquí se ve partiendo una roca; el matrimonio ideal de aquella es aquí una pareja donde ella tiene una hija y no se decide a aceptar el matrimonio con Barrett… todos estos cambios hacen de esta una película más rica y compleja.

 

 

 

Y si en la novela de Shane se detalla la evolución de un personaje como Chris, pero eso se esquematiza en la película, aquí el personaje equivalente es un imbécil sin redención y la simpatía va hacia uno de sus matones, cuya relación con el jinete pálido apenas se entrevé en su evolución, en una de las pruebas del talento de Eastwood para narrar sin subrayados, apenas insinuando. Raíces profundas es un clásico con el que El jinete pálido dialoga para superarlo enriqueciendo su propuesta.

 

Quizá donde Eastwood arriesga más es en su decisión de enfrentarse al género más codificado y conocido por el público para incluir detalles más propios del fantástico.

 

Desde ese jinete pálido que aparece cuando la chica hace una plegaria y que se llama así porque aparece en el pueblo cuando ella lee en el Apocalipsis la descripción de los cuatro jinetes; las heridas de bala que debe a quien al final será su antagonista, un Stockburn que le daba por muerto; o el momento en que parece tener el don de la bilocación cuando varios pistoleros intentan asesinarlo… Eastwood solo cuenta lo que pasa, sin pararse a explicar las incoherencias, así que la interpretación dependerá del espectador, al que esta película memorable trata realmente bien.

 

 

El título de la película fue sacado del Libro de Apocalipsis , capítulo 6, versículo 8: “Y miré, y vi un caballo pálido; y el nombre que lo montaba era Muerte, y el infierno lo seguía”

 

 

El jinete pálido se filmó principalmente en las Montañas Boulder, ubicadas en el condado de Jefferson en el estado estadounidense de Montana inspirada en el concepto de naturalismo con un simbolismo religioso de abundante floritura mística que lo caracteriza. Una obra maestra  protagonizada por un predicador itinerante que consagró a la figura del pistolero .


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