Viaje a la Luna de Georges Méliès – Reseña

VIAJE A LA LUNA

VIAJE A LA LUNA

El francés Méliès, en Viaje a la Luna, propone un armónico mestizaje entre la aventura, cierta comicidad teatral y lo fantástico, todo ello, en clave verniana y subvirtiendo la uniformidad del cine de atracciones.

VIAJE A LA LUNA
El éxito de Méliés.

 

Viaje a la Luna de Georges Méliès. 1902. Con Georges Méliès, Victor André, Henri Delannoy, Farjaux Kelm, Brunnett, Bluette Bernon, bailarinas del Teatro Municipal del Chatelet y acróbatas del Foliés-Bergère.
Para la confección de Viaje a la Luna de Georges Méliès partía del corto La Luna a un metro (Méliès, 1898), adaptación del espectáculo “Las caras de la Luna o las desventuras de Nostradamus” (1891), representado por el artista en el teatro mágico Robert-Houdin.
El productor, distribuidor, autor de efectos, intérprete, guionista y director de cortometrajes -locutados y musicados en directo- de Star Films hace servir la novela homónima escrita por Jules Verne como cobertura para su film de 14 minutos. Toma del libro tan sólo la premisa o idea base; a saber: la fabricación del colosal cañón que se dispara, impulsando hacia el satélite lunar un bólido tripulado.
La película, que adopta las constantes de los cuentos tradicionales, se compone de 18 planos de conjunto o generales; en su mayoría, separados por fundidos encadenados. Domina el sentido coral, la iconicidad, los trucajes a base de recursos como el típico paso de manivela, doble exposición, sobreimpresiones, telones pintados o paneles móviles y el pictoricismo, aplicado a un diseño artístico bidimensional en cartón piedra. Todo ello sobre película ortocromática.
La cara de la Luna con el cohete incrustado.
La cara de la Luna con el cohete incrustado.
El primer cuadro introduce el rótulo: “Le Voyage dans La Lune” (Viaje a la Luna).
El segundo, la voz de Méliès (o el presentador que tocase) apunta: “Hoy tenemos el privilegio de acudir a una reunión extraordinaria de los miembros del Instituto de Astronomía Incoherente”. El vestuario de los sabios que abarrotan el graderío (con elementos que recuerdan al observatorio de La Luna a un metro) y también la sala puede asociarse al de magos como Merlín; sus togas, abrigos y gorros, sin embargo, lucen estrellas estampadas.En Viaje a la Luna de Georges Méliès, varias señoritas (bailarinas del Chatelet) entregan a los más selectos sabios unos catalejos que se transforman en taburetes. Sobre los pupitres, en el escritorio del maestro, ayudado por una pizarra y tiza, el Profesor Barbarrevuelta (el propio Méliès) traza la trayectoria del obús que debe ascender hasta la Luna. El escepticismo alborota la sala, pero cinco valientes aceptan acompañarlo (André y otros).
El tercer cuadro nos translada al gran taller donde se construye el bólido. Los miembros de la expedición supervisan la obra. La nota cómica la pone un sabio que cae dentro de un barril de madera.
El cuarto se localiza en la terraza parisina desde la cual el grupo (en falsa profundidad sobre telón pintado y maqueta) otea la fundición del cañón gigante.
El quinto encuadra la rampa y el cañón por su parte trasera, desde el lateral derecho. El dispositivo se sitúa sobre los tejados de la ciudad -ofrecidos en miniatura como si se tratase de un grabado medieval-. La tripulación aborda la nave y las marineritas en minishort introducen el obús en el agujero, saludando hacia el público con sus sombreros platillo.
El sexto nos permite apreciar las dimensiones colosales del cañón, que se pierde en la boveda celeste. Un oficial, blandiendo su sable, ordena hacerlo detonar. La escena muestra como fondo al pelotón femenino en formación. Tras el disparo, el público enfebrecido llena el encuadre.
El séptimo simula un travelling frontal en movimiento subjetivo hacia la luna. El célebre efecto se consiguió acercando el disco niveo apastelado con rostro humano al objetivo. La cápsula impacta sobre su ojo derecho.
El octavo pasa, por fundido de imagen, a la superficie lunar cuajada de cráteres y accidentes montañosos. Curiosamente, Méliès repite el alunizaje. Ahora el bólido entra en cuadro por la izquierda, posándose con suavidad. La trampilla se abre y los sabios admiran el paisaje. Al fondo se eleva “el claro de Tierra“, efecto obtenido gracias a un progresivo descenso del escenario. La pequeña erupción volcánica no les inquieta. Con la caída de la noche, los astronautas duermen sobre el suelo, arropados por mantas. Al fondo, un cometa preludia la salida de estrellas con testa femenina. Otros astros antropomórficos como Saturno, las suceden, arrojando polvo de estrellas sobre los intrusos. Barbarrevuelta y los suyos se protegen descendiendo por un cráter. El virtuosista plano secuencia es prolijo en incidencias.
Noveno plano: “En el interior de La Luna, la cueva de los champiñones gigantes“. El recurso narrativo cita explícitamente “Viaje al centro de La Tierra” de Verne. Al fondo, el telón incluye una caída de agua. Barbarrevuelta clava en la tierra su paraguas abierto; el objeto crece, transformado en un champiñón altísimo (como vemos, el mago Méliès no renuncia a sus trucos de prestidigitador). “Pero La Luna está habitada por los selenitas” (acróbatas del Foliés). Las criaturas hostiles con cabeza de pajaro, pinzas y cuerpo de crustáceo humanoide evolucionan a la manera de ligeros saltimbanquis, contorsionándose y dando volteretas. Barbenfouilles rechaza su ataque, desintegrando a dos con duros paraguazos. Pero la fuerza del número les obliga a huir, saliendo de plano por el margen izquierdo.
Georges Méliès
Georges Méliès

Viaje a la Luna de Georges Méliès desapareció en la oscuridad después de la retirada de Méliès de la industria cinematográfica, fue redescubierta alrededor de 1930. Una impresión original coloreada a mano fue descubierta en 1993 y restaurada en 2011

Décimo: En elipsis, la expedición ha sido hecha prisionera y sus miembros, maniatados. Llegan a la corte real. Respetando el raccord de imagen, el grupo entra en cuadro por la derecha. El rey descansa sobre un trono cubierto por estrellas femeninas. La guardia real lo custodia, armada con picas. Inadvertidamente, Barbarrevuelta se libera y levanta en vilo a Su Majestad, pulverizándolo contra el suelo. Los terrestres huyen hacia el lado izquierdo, perseguidos por los selenitas.
Décimoprimero: Sobre la superficie lunar, todavía impera la noche. Aparecidos por el margen derecho, los sabios corren. Barbenfouilles desintegra a otros dos humanoides, pero la guardia avanza en tropel.
Decimosegundo: La tripulación se introduce en la cápsula, que reposa al borde de un abismo. Siguiendo una lógica primitiva, La Tierra debe estar debajo. Barbarrevuelta, con la chaqueta arrancada, pulveriza a otro selenita y se descuelga hacia el precipicio por la soga que pende de la nave, ejerciendo contrapeso. Otro alienígena se agarra a la base metálica, empujando, antes de que el bólido caiga. La guardia de lanceros llega al lugar; permanece asomada al vacio pero sin poder hacer nada.
Decimotercero: La bala desciende vertiginosamente por el espacio, con Barbarrevuelta tirando de ella.
Decimocuarto: Ameriza con un impacto vaporoso -sobreimpresión de aguas costeras.
Decimoquinto: Se hunde con facilidad hasta el lecho marino, donde vemos un barco naufragado. Pero la cápsula no tarda en flotar hacia la superficie. Esta imagen se rodó en un acuario.
Decimosexto: Un pesquero remolca la nave hacia el puerto. Uso de maquetas, marionetas y dibujos.
Decimoséptimo: “Gran desfile, condecoraciones y regocijo popular.” La banda y el oficial de sable puntiagudo preceden al bólido empujado por dos marineritas. El resto de chicas lo escolta, caminando en formación, hasta que la bala supera el estrado de autoridades. Los astrónomos son investidos con ostentosas medallas en forma de Luna. Un marino porta cautivo al selenita y lo obliga a bailar, propinándole varios barazos -este gesto remite al colonialismo y la esclavitud.
Decimoctavo: El pedestal de la estatua dedicada a Barbenfouilles y que muestra al sabio pisoteando la cabeza lunar, lleva inscrito: “El trabajo todo lo supera“. Un coro integrado por el oficial y las marineritas circunda el monumento. La banda pasa, chispeante.

Viaje a la Luna de George Méliès fascina a partes iguales por el dinamismo que su autor imprime a las vertiginosas imágenes y el torrente imaginativo que confiere a las mismas.

En suma, el filme, archiconocido y que crearía escuela (modelo de inspiración, sin ir más lejos, del corto Viaje a Júpiter de Segundo De Chomón -1909-), compone, en su narración de impacto trufada por referentes iconográficos, un fragmento inmarchitable de la historia del mejor cine.

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