Leo el rápido – Reseña libro.

Leo el rápido reseña libro

Leo el rápido.Vida y obra de León Klimovsky

«Miguel Ángel Plana rescata, como ya lo hiciera con Carlos Aured, a otro gran amigo de mi padre, esta figura un tanto olvidada del cine español, para narrar su historia y darle el puesto que se merece. Cuando se habla del fantaterror (…) en pocas ocasiones se nombra a León Klimovsky, y sinceramente, espero que a partir de este libro se reconozca la figura de un director que, entre otras muchas virtudes, es el responsable de uno de los mayores éxitos del cine fantástico español

                  Sergio Molina (hijo de Paul Naschy/Jacinto Molina), en el Prólogo.
LEO, EL RÁPIDO

Vida y obra de León Klimovsky.
Miguel Ángel Plana Fernández. The Force Books, 2021.
Molina, con estas palabras, se refiere a La noche de Walpurgis, que el propio Plana, en su ensayo, objeto de nuestro estudio, explica así: «Quizás esta película es la que más se aproximó al concepto de lo que quería plasmar Leo en el género, esa denominada poesía fantástica o macabra.» La familiaridad de Plana con el ya desaparecido cineasta, individuo cercano, afable, de trato exquisito con actores y actrices, nacido en Buenos Aires pero español por adopción, se remonta a muchos años atrás. Según el crítico y novelista Ángel Gómez Rivero, en líneas extraídas del Epílogo: «Plana, como buen superviviente de esa época única, ha recogido todas las claves de un realizador todoterreno -a lo largo de sus más de setenta peliculas, se implicó en casi todos los géneros: musical, western, thriller, bélico, comedia, aventura, drama, fantasía y, por supuesto, terror-.» De hecho, tras el Prólogo y la introducción de Rafael Gasent (cineasta independiente), de título A modo de presentación: Klimovsky, pasión por Valencia -donde se explica el vínculo entre el realizador y la capital del Turia, que lo hermana, a su vez, con el valenciano Plana-, nos encontramos: Entrevista: una charla con Leo, conversación distendida entre el autor y Klimovsky.

Plana nos contagia de su afecto hacia el cine de géneros producido en los años sesenta y setenta en España.

Klimovsky ejerce como representante ideal de aquel período, más atractivo por tratarse de alguien con oficio, también estilo propio, aunque este pasara desapercibido al negarse lucimiento personal y plegarse a las exigencias narrativas, estilo, además, relativizado por lo exangüe de los presupuestos que manejase y, como no, la celeridad con la cual rodaba una película tras otra, temeroso de que los productores dejaran de contar con sus servicios.
El repaso filmográfico salpicado de apuntes biográficos se divide en los siguientes capítulos: Inicios -primeros años, vinculación radiofónica, divulgación jazzística, los intereses cinéfilos-, Leo en Argentina -el inicio como realizador, los opus ultimados en su país-, Leo en España (cultivando géneros) -la etapa de perfeccionamiento que lo llevaría más tarde a formalizar sus mejores filmes-, Salto a la gloria (los años de Paul) -mayormente, el cultivo de su amistad y colaboraciones con Naschy y, por extensión, la consagración en el fantástico español- y Leo en la despedida -reflexiones finales sobre Klimovsky-.
Se intercala entre los diferentes capítulos, acompañando cada reseña, la correspondiente ficha técnica y artística. Asimismo, Plana recurre a las voces de intérpretes que colaboraron con el director argentino para ofrecer una visión amplia del mismo.

Todos coinciden, por cierto, en aplaudir la profesionalidad de Klimovsky, su buen trato, tanto como la necesidad de traer asumidas de casa las motivaciones del personaje, yendo al grano en el set, impelidos por la premura de las filmaciones.

Pese a reconocer la superioridad detentada por La noche de Walpurgis, admirador de un título tardío como El extraño amor de los vampiros, Plana se detiene a repasar la figura de su actor más carismático, aún en activo, José Lifante, Drácula en el teatro y, más tarde, en el cine; recordando, de pasada el Drácula fílmico de Naschy a las órdenes de Javier Aguirre. No es la única figura interpretativa objeto de estudio. Sin embargo, la de Lifante -y en cierta manera, la de Sandra Alberti, de quien se reproduce una entrevista- denota el cariño puesto en su acercamiento biográfico y artístico.

Completa el libro, profusamente ilustrado por fotos, carteles, programas de mano, recortes de prensa, etc., un índice bibliográfico.


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