Bartleby, el escribiente de Munuera-Reseña Cómic

Bartleby el escribiente

Munuera aborda en solitario la adaptación de un cuento de Herman Melville con una tinta modélica.

 

 

Nueva York del siglo XIX, una ciudad de sociedad consumista llena de una vitalidad que refleja la prosperidad como la constitución y las leyes. Un modelo del nuevo mundo. ¡Qué lejos queda la vieja Inglaterra! ¡Qué cerca el futuro!

Con Bartleby podemos ver, literalmente, como un trabajador deja de tener interés por todo.

 

Hablar de adaptaciones literarias tan sólidas como Bartleby, el escribiente a formato gráfico es una tarea sumamente complicada como para salir airoso, sin embargo José Luis Munuera se mueve muy bien en el registro histórico. Lo hace de un plumazo, con una soberbia adaptación del relato de Herman Melville, creando un universo fascinante captado a la vez de actualidad. Lo hace a través de una resistencia absoluta e incomprensible del escribiente frente a los demás, José Luis expone perfectamente una fórmula llena de talento que consigue estimular la imaginación sin perder la lectura.

 

Munuera hace una interpretación personal de una de las narraciones más originales y conmovedoras de la historia de la literatura.

 

Un caballero de morigerada apariencia y tono tranquilo llega para reforzar un equipo de notarios encargados de gestionar los asuntos de los banqueros de Nueva York. Bartleby, el escribiente es una exquisita obra de línea gruesa con rostros exagerados y acompañados de un lenguaje corporal justo y con aspecto pulcro. La particular forma de crear una atmósfera neoyorquina de principios del siglo XX, forma una pieza fundamental de un entorno abarrotado, elegante y al mismo tiempo preciso, detallado en un semitono casi monocromático.

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Catalogado por derecho propio en un clásico, esta adaptación de aparente sencillez y muchas interpretaciones, desafía el lápiz de José Luis Munuera que se ayuda de ilustraciones que llevan a la historieta una mezcla de realismo y caricatura con un peso que recae en una existencia tan inevitable como anodina. A lo largo de las viñetas el comportamiento del escribiente genera distintas reacciones y pensamientos, pero sobre todo influye en la forma de ver todo lo que les rodea.

«Bartleby, el escribiente» fue publicado por primera vez en noviembre y diciembre de 1853

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Bartleby el escribiente

Un peculiar copista que trabaja en una oficina de Wall Street. Un día, súbitamente, deja de escribir amparándose en su ya famosa frase: «Preferiría no hacerlo»

Bartleby, el escribiente

El personaje que nos narra la historia es un abogado, jefe de Bartleby, un buen ciudadano que piensa que la vida más fácil es la mejor. El letrado ayuda a crear una estética que acompaña la narración con un dibujo estilizado que funciona a la perfección con la obediencia al estado. Sin hacer distinciones morales y, por lo tanto, podría servir, sin quererlo, tanto a Dios… Como al diablo.

Bartleby, el escribiente.

Con Bartleby podemos ver, literalmente, como un trabajador deja de tener interés por todo.

La perspectiva que aporta Munuera al cómic expone perfectamente una negativa elegida, voluntaria y asumida como un recurso que forma parte de la razón de ser. Un avance psicológico que va provocando una enorme comprensión de soledad espantosa con un escritorio que da vista a una ventana ciega, una pared de ladrillos.

Bartleby el escribiente
Bartleby el escribiente

 

El dibujo nos hace navegar entre una buena historia que simplifica lo imprescindible y un trazo que caracteriza a los personajes perfectamente, enriquecidos o subrayados hasta lograr su propia identidad, como en una fábula profética . Es una de las grandes bazas de la obra, domina la narración mediante excelentes imágenes, las expresiones, las acciones, todo con una aparente economía de recursos pero con un resultado sorprendente. Sin duda descubrimos un cómic pequeñito que simplifica la trama de la historia pero que aporta con total claridad la envergadura del literario.

 

«Si el pobre Bartleby es un lunático, no es porque el resto de los hombres estén de alguna manera sanos, sino porque él ha aceptado su desolación como una circunstancia ineludible y olvidado la necesidad de dependencia».

Newton Arvin

 

Por eso merece la pena leer este cómic de ritmo muy ágil que edita Astiberri, un título especialmente sencillo y corto que se completa con un prólogo escrito por Philipe Delerm y un epilogo firmado por Alex Romero. En las páginas finales hay una galería de bocetos e ilustraciones. Os recomiendo este título mucho, mucho.

 


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