AD ASTRA – James Gray. Reseña

Ad Astra de James Gray demuestra que en la ciencia-ficción hay lugar tanto para grandes como para pequeños discursos. Este film se abre al espacio para buscar en el interior de un ser humano.

 

Ad Astra
Ad Astra

Ad Astra de James Gray. 2019. Con Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, Liv Tyler, Loren Dean y Ruth Nega

 

 

Gray es conocido y reconocido entre la crítica y el público por películas como El sueño de Ellis (2013) y puesto en cuestión por otras como Z, la ciudad perdida (2016). Casi todos coincidimos en valorar Ad Astra, film de envidiable estilización visual, como un paso adelante en su obra.
El relato que aquí se narra es intimista dentro de su espectacularidad. Elude, por ejemplo, la busqueda de transcendencia que recubre un discurso tan antiguo como la CF en la sobrevalorada 2001 de Kubrick. Se acerca más a Solaris de Tarkovsky, en su afán existencialista, aunque sin la profundidad de esta adaptación de Stanislav Lem y un tono más liviano.
Ad astra es un término asociado a “Ad astra per aspera” (“una ruta escarpada conduce hacia las estrellas”). Su origen se remonta al viaje que registra La Eneida, odisea donde Virgilio acompaña al héroe troyano Eneas desde su ciudad, devastada por los aqueos, hasta la futura Roma.
En el caso de Ad Astra, la película, el ejemplar astronauta Roy McBride (encarnado por un Brad Pitt mejor que nunca) también efectúa un largo, dificultoso viaje, sacrificado pero carente de épica.
Contrariando las opiniones de sus superiores, Roy pretende alcanzar la estación experimental donde reside su progenitor (Lee Jones), situada en los límites de nuestro sistema solar. Es un gesto similar al del anciano que busca a su hermano en la redencionista Una historia verdadera de David Lynch.
La travesía, más que un lugar concreto, comprende la búsqueda de una persona. Existe por parte de Roy la voluntad de reconciliarse con un padre que rehuye a la familia para refugiarse en sí mismo. El trayecto es tanto exterior como interior: Roy, atormentado por su vacío afectivo, afronta los peligros con decisión, pero llevando en sus pensamientos la idea de la aprobación paterna como forma de cariño. Roy ha ascendido a la cúpula del universo sólo para demostrar a su padre que lo necesita. Previamente alcanza lo más alto de la consideración profesional, logrando ser el mejor astronauta, deseoso por emular la figura paterna. Un padre a quien todo ello le importa bien poco.
La distancia entre el vástago y su progenitor es tan grande en términos de distancia espacial como de amor paternofilial. Cuando están juntos no hay en la galaxia dos personas más separadas afectivamente, menos conectadas. Por ello, en la llegada a “Roma“, a “Itaca“, la historia de Roy implica una tragedia personal: su imposibilidad de penetrar en el corazón humano. Roy puede conquistar el espacio, puede llegar al corazón mismo de ese espacio, pero no consigue reconciliarse con un padre que desprecia tanto la idea de familia como el titánico esfuerzo del hijo.

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