Licenciado en Derecho, apasionado de la literatura, cinéfilo sin hondura académica y Sherlockiano hasta la médula. Escribo desde el prisma de un gran angular y planos subjetivos. Encantado de formar equipo en Séptimo & Noveno.
Fernando Costa
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Cine de Terror 1930-1939 – Reseña

Cine de Terror 1930-1939  La fascinante década de los treinta, especialmente en su primera mitad, ha dado lugar al género del cine de terror en toda su amplitud.

 

 

Cine de terror, 1930-1939.

Hay muy poco, de cuanto se ha hecho después, que no esté esbozado, apuntado o agotado en esas películas.

 

Pedro Porcel puede presumir de una trayectoria de más de cuatro décadas disfrutando y dando a conocer todo tipo de manifestaciones de la cultura popular. En este Cine de terror demuestra que sabe hacer su trabajo: el libro se apoya en multitud de visionados y en una bibliografía exhaustiva, que cierra el libro junto a un detallado índice onomástico, y en notas que justifican las citas en el texto y una enorme cantidad de fotografías, al menos una en cada página, que realzan el texto y aumentan exponencialmente el disfrute del lector. Le acompañan dos prólogos, homenaje a dos personalidades claves en la difusión del terror en España y sin duda importantes para este proyecto.

Lo único confuso en Un mundo en sombras es el título.

 

Lo único confuso en este libro es el título: primero, porque las fechas (1930-1939) no se justifican en el contenido: Drácula es de 1931, Frankenstein de 1932 y se supone que de ellas y lo que impulsaron trata el libro; entre 1937 y 1938 no hubo ni rodajes ni estrenos de películas de terror; tampoco los dos años de apertura y cierre albergan acontecimientos que justifiquen esa delimitación temporal.

 

Y, en segundo lugar, al sintagma Cine de Terror le falta el apellido, Usamericano: la industria cinematográfica estadounidense centra el grueso del libro, con el cine inglés tratado casi como satélite y el resto recuperados para completar una panorámica de los diversos acercamientos al género, reseñando siempre en qué medida siguen o se apartan de temas y maneras hollywoodienses. Esto se nota también en el enfoque del libro cuando, por ejemplo, las películas alemanas claves como antecedentes solo son mencionadas cuando su influencia sale al paso y la información de cierta profundidad sobre esa industria se relega al final, en un último capítulo consagrado a otras cinematografías. Ahí, quizá, está una de las debilidades del libro, la otra sería que a veces se dan apuntes sobre una misma persona en varias ocasiones sin llegar a explicarla con cierto detalle en ningún momento.

 

Hechas estas salvedades, vamos con lo bueno, que es todo lo demás. Este Cine de terror (1930-1939). Un mundo en sombras es una fiesta.

 

Un prólogo explica los objetivos de la obra. A continuación, con la disculpa de analizar aquello que se queda fuera de su estudio y explicar por qué no lo incluye, Pedro Porcel ocupa más de setenta páginas en recorrer gran parte de la década de los veinte y también de los treinta para hablar de cosas que no eran estrictamente de terror pero se acercan lo suficiente. Al hablar del terror amarillo y Fu-Manchú, rescata todas las convenciones en torno a la amenaza oriental, que contextualiza con cuidado; menciona a los europeos que hacían de orientales y la variación en la saga que supone la llegada de Boris Karloff en su extraordinaria cosecha de 1932. Después se detiene en el subgénero de las Old Dark Houses, con sus convenciones, su auge, sus parodias y su desaparición súbita.

 

Después llega el cine que habla de los distintos pero no de los monstruos: uno lleno de mutilados y víctimas de la guerra; otro centrado en el exotismo de la selva y después aquello que hace Tod Browning durante el mudo y, después del éxito de Drácula, en Freaks (1932) cumbre y cierre de un cine que da espacio a todos los que están en los márgenes de la sociedad y son vistos con desagrado y morbo.

 

Drácula y Frankenstein, dos sagas que tienen su propia mitología.

 

A continuación, llegamos a las películas sobre Drácula y Frankenstein, dos sagas que tienen su propia mitología: actores, directores y personajes. Análisis profundos y amenos, confrontación entre lo literario y lo cinematográfico y biografías detalladas. Un trabajo memorable donde aparecen los Laemmle, Whale, Lugosi, Karloff… Y desde ahí todo lo que les acompaña y les sigue: otros monstruos, otros actores.

 

Cine de terror, 1930-1939. Un mundo en sombras por Pedro Porcel

 

Hasta que llega otro momento clave: la implantación del Código Hays, que lleva al terror casi a su desaparición y, finalmente, a su recuperación en películas condenadas a una distribución difícil (la censura en Inglaterra fue incluso más agresiva) y a la parodia. Pasada la cumbre, el goloso aún disfruta: las películas inglesas, alemanas, japonesas, mexicanas o argentinas, incluso polacas (una de ellas rodada en yiddish) van apareciendo antes del cierre.

 

Las películas reseñadas o analizadas son inabarcables, muchas rozan el milagro, por inencontrables; los perfiles biográficos están llenos de respeto y cariño (uno echa en falta algo más de detalle al perfilar la vida de Edgar G. Ulmer; del mismo modo que Pedro Porcel tarda en detenerse en Fay Wray, la gran estrella femenina) y hacen justicia a grandes y olvidados como Lon Chaney, Jack P. Pierce o Kenneth Strickfaden.

Un siniestro halo recorre las líneas del presente libro…

Más allá del disfrute que produce el libro, enorme, una fina línea de melancolía lo recorre. Hay dos razones. Una, que no solo en el silente, especialmente antes de los años veinte, sino mucho después (casi todo lo hecho antes de la II Guerra Mundial, en el caso de Japón) es asombrosa la cantidad de películas perdidas. Hay muchas de las que se conserva solo parte del metraje, algunas imágenes o referencias a su existencia; así que muchas habrán desaparecido sin dejar rastro. La imposibilidad de verlas, acceder a ellas o reunir datos sobre determinadas películas salpican todo el libro.

 

 

 

 

La otra razón, la peor, radica en el halo de fatalidad que rodea a muchos de los profesionales que hicieron este cine. Artistas condenados a un género ignorado por varios de los estudios principales y desdeñado por los demás profesionales, los Bela Lugosi, Peter Lorre, Dwight Frye… actores de talento probado y trayectorias previas más que interesantes (Lorre unido en sus inicios a Bertol Brecht, por ejemplo), obligados a repetirse en un trabajo que aborrecen y en películas que solo van empeorando. Creadores del talento de Browning o la grandeza de Whale que desaparecen del cine, incapaces de defender sus logros artísticos indiscutibles. Trayectorias que se desvanecen y a las que Cine de terror (1930-1939). Un mundo en sombras rinde el homenaje que merecían.

Lean, disfruten y empiecen a ver todo lo que tienen pendiente.

 

 


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